En una entrevista realizada al conocido periodista y locutor Cesar Miguel Rondón en una prestigiosa revista de publicidad, ante la pregunta ?Cuáles son los grandes males del país? respondió lo siguiente: “El mal de origen es la mediocridad de la dirigencia política. Una dirigencia que ha hecho un país cada día más pobre, más miserable…Un pais violento donde se hace difícil vivir porque no tenemos seguridad, no tenemos educación, no tenemos salud, no tenemos un c…... Esto para decirlo adecamente. Arruga el corazón. La corrupción es absoluta culpa de esa dirigencia atroz que tenemos, sin integridad ni tamaño para dirigir el país”. (Producto. Año 27. # 328. Abril 2011.)
Al leer esta declaración de tan reconocido personaje, a primera instancia no nos sorprende en absoluto ya que lo sentimos como el reflejo de nuestra situación política actual que compartimos. La s
orpresa se presenta cuando vemos que la entrevista se realizó en la edición de Mayo de 1990, es decir hace 11 años. La conclusión del articulo en cuestión por parte de la revista es que “Hay cosas que han cambiado y otras que, lamentablemente, no tanto.”
Traemos esta referencia a colación porque en este momento histórico de nuestro país en el que nos vemos comprometidos a decidir el próximo año nuestro destino y más exactamente el destino de las próximas generaciones, considero que se debe ser extremadamente selectivo en la escogencia de quienes deben liderar o conducir las estrategias hacia ese destino que deseamos, que no es otro que el de la democracia, la libertad, la justicia, la igualdad de oportunidades, la transparencia, el progreso solidario, la responsabilidad social y moral y la ética.
En tal sentido, vemos con preocupación que, en muchos casos, se tratan de obviar o esconder algunos comportamientos de personajes políticos contrarios a estos valores bajo la premisa de que en la actual coyuntura, resaltar estas debilidades sería contraproducente para el éxito electoral que se debe alcanzar. En nuestra humilde condición de ciudadano, sin experiencias políticas más allá que las propias de esa ciudadanía, creemos que no obstante el convencimiento de que el triunfo electoral es neurálgico, la selección idónea de nuestros dirigentes debe pasar necesariamente por la identificación de los que solo han medrado de la política y cuya presencia en las diferentes opciones a cargos públicos más que sumar restan y lo más importante, que no son el modelo a seguir para un liderazgo que necesariamente debe predicar con el ejemplo. Asi encontramos personajes que han sido visiblemente cuestionados y señalados, en este mismo prestigioso diario, por conductas políticas non sanctas en los cargos públicos que han venido desempeñando a través del tiempo hasta conductas personales que alcanzan los límites delincuenciales. Afortunadamente, muchos de ellos se han venido minimizando ante el empuje de nuevas generaciones que están consolidandose como el relevo generacional y que esperamos se mantengan firmes ante las tentaciones casi naturales de la politica.
Creo que una gran mayoría de la población está en estos momentos clara, consciente y convencida de la obligación histórica que se tiene de cambiar la orientación del modelo politico al que nos está conduciendo el actual gobierno, hacia una verdadera democracia solidaria; pero tal tarea debe ser emprendida bajo una concepción ética ineludible y bajo un liderazgo modélico para no tener que seguir sintiendo al cabo de unos cuantos años este déjà vu.