jueves, 7 de junio de 2012

El Cambio



“Vivimos en un mundo en permanente reinvención”

Hasta hace unos 30 años atrás, la denominada Gerencia tradicional se sustentaba en una relativa estabilidad.

Los cambios se visualizaban como procesos que una vez finalizados, brindaban nuevamente una sensación de estabilidad necesaria para proseguir por sendas conocidas (Rivera Prato: 2009).

Esta concepción del cambio se podría ilustrar con la metáfora de la escalera: subir unos escalones (cambio) para llegar a un espacio plano donde caminar con tranquilidad, hasta que apareciesen nuevos escalones que serían los nuevos cambios.

Bajo la óptica de dicha metáfora, era algo que se debía transitar para alcanzar la estabilidad. Hoy por el contrario, al decir de Rivera, estamos ante una rampa con tal inclinación que el cambio es contínuo y permanente. De allí la expresión aparentemente paradójica de que “Lo único permanente es el cambio”. U otra más coloquial aunque muy precisa: “Cuando me aprendí las respuestas me cambiaron las preguntas”.

De igual forma, se asemeja al andar en bicicleta, si no se pedalea, nos caemos. En la Organización contemporánea si se deja de cambiar se cae en la obsolescencia o ante la competencia.

Ahora bien, no es el cambio per se lo que caracteriza a los nuevos tiempos. Desde los presocráticos como Heráclito, ya se referían a éste como lo muestra la célebre referencia a que no nos bañamos dos veces en el mismo río. O Charles Darwin con su famosa ley que plantea que “Las especies necesitan adaptarse y cambiar según varía el entorno donde viven, si quieren sobrevivir. Aquellas especies que cambian, sobreviven y prosperan, las que permanecen en el mismo estado se extinguen…”

Esa verdad permanece vigente para el ser humano, para la organización y para el mundo en general.

Para Druckert: 1993, “La primera tarea del ejecutivo es convertir el cambio en el entorno, en la sociedad, en la economía y en la tecnología, en oportunidades económicas y empresariales”.

Pero aún más importante es que el principal y verdadero cambio debe surgir en la persona para que éste pueda reflejarse y manifestarse de manera íntegra en los escenarios en los cuales se desenvuelve.

martes, 5 de junio de 2012

Auschwitz: el Autoengaño


Hace pocos días tuve la oportunidad de concretar una materia pendiente en cuanto a ciudades por conocer, altamente consideradas por los escenarios geográficos de la 2a Guerra mundial y de la Guerra fría: Berlín, Praga, Budapest, Cracovia, Bratislava, Varsovia, Poznan; cuyo tema nos ha siempre interesado.

Uno de esos escenarios es el tristemente célebre campo de concentración de Auschwitz Birkenau en Polonia. Campo que en cuatro años y medio recibió a 1.300.000 personas entre prisioneros de guerra soviéticos, gitanos, prisioneros políticos polacos y judios, muchos de ellos niños.

Debo advertir que el deseo de conocer estos escenarios no obedece a ningún impulso morboso, si nos atenemos a las acciones tan tenebrosas, sádicas e inhumanas que recojen los escritos documentales y literarios sobre esta experiencia. Más bien nos impulsó una especie de desagravio u homenaje póstumo a tante gente que sufrió estos inexplicables actos, que aún cuando tratamos de documentarnos sobre ellos, creo que jamás llegaremos a comprender y que rogamos porque nunca más vuelvan a ocurrir.

No obstante vemos con tristeza, aprehensión y asombro que, aún con una menor escala a lo sucedido en Auschwitz y otros campos de concentración similares, se repitan hechos inaceptables para cualquier sociedad.

Un aprendizaje significativo hemos sacado de esta triste realidad y es el peligro que los dogmatismos de cualquier naturaleza generan en las sociedades. Comenzando por los religiosos que paradojicamente a su teleología han incurrido en actos como la Inquisición y que se extienden a los ámbitos étnicos, políticos, económicos, etc.

Tales dogmatismos conducen, como es el caso de la Alemania nazi, a lo que la escritora Hanna Arendt llamaba el "Autoengaño", que es un concepto que amerita un profundo análisis para precisar los orígenes de estas desviaciones de la conducta humana.

Si de dogmas se trata el que debe prevalecer es el de la tolerancia y el respeto a la otredad. Las tendencias al pensamiento único conllevan a fanatismos tales que obnuvilan hasta nuestra humanidad.