“Vivimos en un mundo en permanente
reinvención”
Hasta hace unos 30 años atrás, la
denominada Gerencia tradicional se
sustentaba en una relativa estabilidad.
Los cambios se visualizaban como
procesos que una vez finalizados, brindaban nuevamente una sensación de
estabilidad necesaria para proseguir por sendas conocidas (Rivera Prato: 2009).
Esta concepción del cambio se
podría ilustrar con la metáfora de la
escalera: subir unos escalones (cambio) para llegar a un espacio plano
donde caminar con tranquilidad, hasta que apareciesen nuevos escalones que
serían los nuevos cambios.
Bajo la óptica de dicha metáfora,
era algo que se debía transitar para alcanzar la estabilidad. Hoy por el
contrario, al decir de Rivera, estamos ante una rampa con tal inclinación que
el cambio es contínuo y permanente. De allí la expresión aparentemente
paradójica de que “Lo único permanente es el cambio”. U otra más coloquial
aunque muy precisa: “Cuando me aprendí las respuestas me cambiaron las
preguntas”.
De igual forma, se asemeja al
andar en bicicleta, si no se pedalea, nos caemos. En la Organización
contemporánea si se deja de cambiar se cae en la obsolescencia o ante la
competencia.
Ahora bien, no es el cambio per
se lo que caracteriza a los nuevos tiempos. Desde los presocráticos como
Heráclito, ya se referían a éste como lo muestra la célebre referencia a que no nos bañamos dos veces en el mismo río.
O Charles Darwin con su famosa ley que plantea que “Las especies necesitan
adaptarse y cambiar según varía el entorno donde viven, si quieren sobrevivir.
Aquellas especies que cambian, sobreviven y prosperan, las que permanecen en el
mismo estado se extinguen…”
Esa verdad permanece vigente para
el ser humano, para la organización y para el mundo en general.
Para Druckert: 1993, “La primera
tarea del ejecutivo es convertir el cambio en el entorno, en la sociedad, en la
economía y en la tecnología, en oportunidades económicas y empresariales”.
Pero aún más importante es que el
principal y verdadero cambio debe surgir en la persona para que éste pueda
reflejarse y manifestarse de manera íntegra en los escenarios en los cuales se
desenvuelve.
