Hace pocos días tuve la oportunidad de concretar una materia pendiente en cuanto a ciudades por conocer, altamente consideradas por los escenarios geográficos de la 2a Guerra mundial y de la Guerra fría: Berlín, Praga, Budapest, Cracovia, Bratislava, Varsovia, Poznan; cuyo tema nos ha siempre interesado.
Uno de esos escenarios es el tristemente célebre campo de concentración de Auschwitz Birkenau en Polonia. Campo que en cuatro años y medio recibió a 1.300.000 personas entre prisioneros de guerra soviéticos, gitanos, prisioneros políticos polacos y judios, muchos de ellos niños.
Debo advertir que el deseo de conocer estos escenarios no obedece a ningún impulso morboso, si nos atenemos a las acciones tan tenebrosas, sádicas e inhumanas que recojen los escritos documentales y literarios sobre esta experiencia. Más bien nos impulsó una especie de desagravio u homenaje póstumo a tante gente que sufrió estos inexplicables actos, que aún cuando tratamos de documentarnos sobre ellos, creo que jamás llegaremos a comprender y que rogamos porque nunca más vuelvan a ocurrir.
No obstante vemos con tristeza, aprehensión y asombro que, aún con una menor escala a lo sucedido en Auschwitz y otros campos de concentración similares, se repitan hechos inaceptables para cualquier sociedad.
Un aprendizaje significativo hemos sacado de esta triste realidad y es el peligro que los dogmatismos de cualquier naturaleza generan en las sociedades. Comenzando por los religiosos que paradojicamente a su teleología han incurrido en actos como la Inquisición y que se extienden a los ámbitos étnicos, políticos, económicos, etc.
Tales dogmatismos conducen, como es el caso de la Alemania nazi, a lo que la escritora Hanna Arendt llamaba el "Autoengaño", que es un concepto que amerita un profundo análisis para precisar los orígenes de estas desviaciones de la conducta humana.
Si de dogmas se trata el que debe prevalecer es el de la tolerancia y el respeto a la otredad. Las tendencias al pensamiento único conllevan a fanatismos tales que obnuvilan hasta nuestra humanidad.
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