El
Soroche
Desde hace poco tiempo
hacia acá, hemos estado observando cómo en la literatura especializada en
Ciencias Administrativas se recurre, cada vez con mayor frecuencia, al uso de
la metáfora para explicar casos, procesos, técnicas, etc., correspondientes a
esta pujante área del saber y del hacer.
Es así como en un libro recientemente leído, ya señalado en un artículo anterior, se recurre al montañismo para explicar algunas conductas gerenciales. Se plantea en el mismo que en este deporte el ascenso debe hacerse de manera progresiva y controlada estableciendo campamentos a determinados trayectos y altitudes en donde los escaladores deben ambientarse durante cierto tiempo para poder proseguir el ascenso. No hacerlo conlleva a la presentación de una especie de síndrome especializado por asfixia, mareos, pérdida de memoria, etc., que pueden irremediablemente conducir a una situación mortal. A este síndrome se le conoce como soroche en el argot del montañismo.
Tal metáfora asimilándola a la actividad gerencial nos indica que los cambios, transformaciones e innovaciones en la cultura y comportamiento organizacional deben estar sujetos a monitoreos y evaluaciones periódicas de tal manera de poder constatar el estado de desarrollo de los mismos y que implantarlos sin puntos de control pueden conllevar a consecuencias indeseables y perniciosas.
Es así como en un libro recientemente leído, ya señalado en un artículo anterior, se recurre al montañismo para explicar algunas conductas gerenciales. Se plantea en el mismo que en este deporte el ascenso debe hacerse de manera progresiva y controlada estableciendo campamentos a determinados trayectos y altitudes en donde los escaladores deben ambientarse durante cierto tiempo para poder proseguir el ascenso. No hacerlo conlleva a la presentación de una especie de síndrome especializado por asfixia, mareos, pérdida de memoria, etc., que pueden irremediablemente conducir a una situación mortal. A este síndrome se le conoce como soroche en el argot del montañismo.
Tal metáfora asimilándola a la actividad gerencial nos indica que los cambios, transformaciones e innovaciones en la cultura y comportamiento organizacional deben estar sujetos a monitoreos y evaluaciones periódicas de tal manera de poder constatar el estado de desarrollo de los mismos y que implantarlos sin puntos de control pueden conllevar a consecuencias indeseables y perniciosas.
Lo anteriormente planteado se refleja de manera demasiado cotidiana en nuestras organizaciones en donde se emprenden procesos de cambio, generalmente atendiendo a la innovación gerencial de moda; sin programar, de manera coherente y sistemática etapas para la revisión del estado de acoplamiento de los diferentes recursos organizacionales y las respuestas que del mismo se estén generando.
Una prueba empírica de tal afirmación se manifiesta en no pocas organizaciones en donde para estar, supuestamente, a la vanguardia se implementa el uso masivo de tecnologías informáticas de última generación sin hacer evaluaciones periódicas del grado de interacción que se produce entre los usuarios y tal tecnología, llegándose a obtener organizaciones que tal como dijera en tiempos recientes Alvin Toffler, avanzan hacia el pasado. Esto último se representa en que aún cuando se disponga en muchos casos hasta de internet e intranets, el uso real y potencial que tales tecnologías ofrecen son subutilizadas llegándose a extremos que lejos de generar actitudes proactivas en cuanto a su utilización y aprovechamiento lo que hacen es consolidar comportamientos que contravienen con la cultura organizacional que exigen.
Por todo ello, en todo proceso de cambio organizacional que paradójicamente se está convirtiendo en permanente, es perentoria la necesidad del monitoreo de tales cambios, fundamentalmente en el recurso humano, de tal manera de precisar periódicamente su asimilación y tomar las acciones que de tal resultado se derive para evitar ese fatídico soroche.
Publicado en el diario "El impulso" con fecha: 16/11/2000
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